LA VISITA (2)

Llegamos a las 19.00 h, el encuentro correspondía fuera del local. A medida que fueron llegando, nos dirigimos a la sala privada que solemos reservar para nuestras fiestas en petite comité. Algunos eran conocidos, muy conocidos, otros no. Nueve hombres, una pareja más otra que llegaría más tarde… y nosotras.

Entre saludos, risas, bienvenidas y tal, “O” me sirvió un chupito de aquél vodka. La verdad es que fueron tres, conociendo lo que me esperaba y  la caña que iba a tener no me iban nada mal. Seguíamos intercambiando conversaciones en aquella habitación, yo, más que habitación, la llamaría mazmorra…

Una cama grande destacando un color rojo, en su frontal un cepo,  junto a él una cruz de San Andrés, la jaula quedaba colgada en el lado derecho. Otra cama a modo de sofá separaba la ducha del porno que se emitía en la pantalla y, a continuación, la camilla en la que en varias ocasiones se había llenado de mis fluidos y demás. Una sala morbosa y apetecible.

Me senté en el borde de la cama junto a “O“, se acercó a mí sugiriéndome iniciar el juego para que le resultara más fácil. Deslizándonos en el centro de la cama y de manera morbosa, nos empezamos a besar, a tocarnos… acariciarnos. La puse de cara a ellos mientras acariciaba sus pechos y mis dedos se deslizaban por su clítoris.. En ese instante se produjo el silencio entre el resto, contemplaban aquella escena erótica, les miré a todos ofreciéndoles las ganas de la humedad que desprendía. Se escucharon gemidos desde la otra cama, la pareja se puso a follar, no podía verlos, nos empezaron a rodear alguno de ellos y me encontré a cuatro patas, dos manos agarrando bien mi culo y empotrada contra el  rabo que tenía a disposición para mi disfrute. Íbamos intercambiando, quizás la sala resultaba poco espaciosa para los que éramos no dando opción a moverte libremente. Mis rodillas resbalaban abiertamente debido al sudor y fluidos de nuestros cuerpos. “O” no dejaba de gemir mientras un par de ellos se la follaban; se retorcía, sudaba como una perra…

No había descanso para mí, nunca lo tengo, en el tiempo que algunos pasaban por la ducha, y algún cigarro que otro, yo seguía follando, insaciable, esperando el momento de ponerme Puta, que me pusieran Puta. Ponerse puta depende de ti cuando tú controlas, pero que te pongan puta es otro nivel. Puta no me pone cualquiera.

Me marché poco antes de que acabara. Antes, “O” y yo, nos apartamos del resto para  fumarnos ese cigarrillo que tanto me apetecía y conocer su estado. Disfrutó mucho de la fiesta y del día, esa era la intención, no obstante, todo no acababa ahí para “O”.

Como siempre, me llevé un gran placer, diversión y gente muy agradable.

 

SensualRush

LA VISITA (1)

Habíamos quedado los tres en el Hotel para comer. “O” se había desplazado hasta Barcelona para desconectar de su rutina y dejarse llevar por el placer que le otorgaban “X” y “M”. Yo formaba parte del entrante de su estancia, aunque no nos conocíamos ni habíamos hablado anteriormente. Dos desconocidas a la expectativa de lo que podía suceder, todo  de la mano de “M”.  Él ya le había hablado de mí durante sus visitas a Ibiza, explicándole mis experiencias, él , al hablarme de ella, me explica que ella siente curiosidad  en ciertos campos sexuales que yo ya conozco.

Simpatizamos al momento creando un ambiente divertido, agradable y pícaro. No solo le esperaba el trío,  un par de horas después, le esperaba un Gangbang del cual ella desconocía cuántos y dónde.

Terminamos de comer, y mientras nosotras nos fuimos a fumar un cigarro, él nos esperaba en la habitación. Llegamos y la puerta no estaba cerrada del todo; entramos. Él estaba tumbado en la cama y desnudo. Después de salir del baño entró ella, y mientras, me dispuse a zorrearle tomando la iniciativa de nuestro juego. En pocos segundos nos encontramos los tres en materia: le pasé la lengua de los huevos hasta la punta de su rabo mientras ellos se comían la boca. El nivel de excitación empezó a elevarse, mis caricias en su coño le provocaban arquear su espalda. Ella le comía la polla y así, entre comidas y folladas llegó mi momento….

La primera vez fue sensacional, excitante, y con el deseo de dar placer a quien tienes en tus manos. Eramos dos parejas, ella muy zorra y sexual; un bombón. Ella estaba a cuatro patas, en mis manos….. su excitación emanaba entre sus muslos, mis dedos no dejaban de acariciar su clítoris excitado e hinchado por la presión del deseo. Lo  tenía para mí, en ese momento podría haberle entrado tres rabos…..estábamos muy zorras. Mis dedos entraron con suavidad y sutileza…….. Dos , tres , cuatro…… mi delicadeza le provocaba placer. Al momento, mi puño estaba dentro. Entró hasta pasado el hueso de la muñeca. Exploraba cada momento, buscando sus puntos de placer. Mientras tanto, ellos observaban el Fisting de dos mujeres zorras y cerdas. Su nivel de gemidos iban en aumento, el placer que le estaba dando hablaban a través de ellos….ya os imagináis qué final.

Mi segundo Fisting ha sido con “O”. No se lo esperaba y  mucho menos supo lo que estaba sintiendo dentro  de su húmeda caverna. Entre gemidos preguntaba que coño le estaba haciendo; disfrutaba. Seguimos los tres follándonos hasta que llegó el momento de recibir mi lefa en la cara. Quedaban menos de tres horas para el GangBan que le tenían preparado. Yo  tenía poca opción para poder unirme, pero la suerte se puso de mi lado y me permitió disfrutar del Gang.

 

SOMBRAS DEL DESEO

 

 

 

 

Habíamos quedado a las ocho de la noche, pero se retrasó veinticinco minutos debido al vuelo. Yo lo esperaba en el sex-shop donde solemos (no habitualmente en mi caso) disfrutar de orgías y GangBang.

-¿Qué llevarás puesto?- preguntó horas antes al encuentro.

Ir en moto me limita mi vestimenta por lo que opté por responderle que pantalón, debido al frío y a mi comodidad, aunque ya tenía muy claro de antemano qué ponerme y como sorprenderle. Fui puntual, como siempre, y después de titubear si lo esperaba en la calle o dentro, decidí entrar. Fui mirando todo lo que tenían en la tienda, que no era gran cosa, pero suficiente para que no se hiciera larga la espera. Salí a fumarme un cigarrillo y a la cuarta calada, lo vi pasar en su elegante moto.

Entramos y nos fuimos directos al mostrador. Hicimos la reserva para nuestra pequeña orgía entre “amigos”, y una vez gestionado, nos adentramos a disfrutar de nuestro placer.

Entramos en la sala de cine, pudiendo comprobar que no había mucho ambiente en ese momento. Individuos en su butaca viendo porno en la gran pantalla, y al final de la sala, una pareja dispuesta a que se la follaran a ella creando morbo y saciando sus deseos. Mi disposición era otra. Mi disfrute era con él, aunque la situación era morbosa. En un lado de la sala había un pequeño “cuarto oscuro”. Había dos o tres hombres deambulando por ese pequeño pasillo. Yo llevaba un abrigo largo, por lo que él no podía intuir lo que llevaba debajo creyendo en mi palabra ante su pregunta. Me arrinconó y empezó a mostrarme su deseo hacia mí. Antes de que me diera cuenta, ya tenía la polla fuera mientras que con sus manos me abría el abrigo y me preguntaba qué me había puesto. En cuestión de segundos aparecieron seis o siete hombres cubriéndole las espaldas.

Sus manos me recorrían dubitativas al darse cuenta que no llevaba pantalones. Su recorrido le llevó a palparme sin perder detalle de mi indumentaria.

–Qué puta te has puesto – me susurraba -, eres mi perra.

Medias, ligueros y un culot de encaje con abertura mostrando mi coño. Su deseo aumentaba al igual que el mío. Noté una mano ajena, pero no quería que nadie me tocase excepto él. “No la toquéis, ella decide”, le dijo a uno. Tuvo que llamarle al mismo tipo un par de veces la atención, añadiéndose un tercero a repetirle lo mismo a aquél individuo. Seguimos los dos alimentando nuestros deseos, yo en cuclillas mientras le comía la polla y él nombrando a Dios y a su perra.

Salimos de aquel cuarto aliviándome de aquella pequeña manada. Le preguntaban quién era yo, de donde había salido, pero su discreción era absoluta. Pasamos a la parte central de la sala de cine. Se oía el gemir de dos mujeres; la de la chica del fondo de la sala y la de la película. Nadie prestaba atención a la pantalla. Aprecié una pequeña cola de espera al fondo antes de sentarme en la butaca. Él se puso delante de mí y yo, en posición muy puta, empecé a comerle la polla. Seguía nombrando a Dios.

–Suave, sigue suave, vas a hacer que me corra y no quiero.

Cambiamos de posición y cuando quise dame cuenta, ya no tenía a mi alrededor aquella pequeña manada de expectación, sino que se había convertido en una gran vacada. Mientras yo me lo follaba, sentada sobre él, dándole la espalda, observaba cómo se iban acercando más, entre sombras, como zombies  con sus pollas hambrientas. Tenían claro que no podían tocarme ni un milimetro de mi piel, pero aun así, esperaban y disfrutaban de nuestro espectáculo.

Me puse a cuatro patas y empezó a follarme. Él suavizaba su empuje porque no quería que se acabara, pero yo le pedía guerra contoneándome mientras notaba su polla en mi culo.

–Estate quieta o harás que me corra, y no quiero – Giré la cabeza hacia él y le contesté: – Así me gusta, que me disfrutes.

Su respuesta hizo que me excitara más.

– Esa es mi puta, mi perra.

Quiso que escogiera una polla, la que quisiera, pero me negué. Ese no era mi deseo ni mi placer. No estaba dispuesta a comerle la polla a nadie sabiendo que tipo de personal me rodeaba. Insistía, pero la que decide soy yo. Cada vez los tenía más cerca, tan cerca que llegaron a cortarme el aire. Yo seguía follándomelo mientras se oían sus gemidos y sus manos acariciaban mi espalda, que se iba empapando de sudor. Se corrió dentro de mi culo, pero yo seguía. No pude aguantar más la situación de no poder sentir ni una gota de aire. Me levanté, me giré hacia él, y me dijo que se había corrido nada más empezar a follarle.

– Necesito aire- le dije.

Se acabó la función para el resto. Acomodamos nuestra vestimenta y nos fuimos a cenar.

Contemplo cada una de mis experiencias y tras cada una de ellas tengo más claro que “en mi coño mando yo”.

 

SR

El Intruso

“yo propongo, tú decides”. Esa fue su propuesta.

-Dime un número- me preguntó.

-Ocho- le contesté. Ya sabía de lo que me estaba hablando. Anteriormente, mi número escogido fue la mitad. Falló uno, pero no importaba. Tres ya estaba bien. Esta vez, el resultado fue siete, aunque en realidad tenían que ser seis.

 

Comimos 12.30h. El evento estaba previsto para la 13.30h. Comer y ponernos al lío. Llegó la hora, sin tiempo para el café. Subimos a casa. Deprisa y corriendo, me preparé esa dosis de cafeína que tanto iba a necesitar para lo que me esperaba. Llamaron al interfono. Mi tiempo de café había terminado.

Fueron llegando en intervalos de cinco minutos. En una de las tandas, llegaron dos a la vez (algunos eran conocidos de otros “eventos”, otros no), el que iba por delante (conocido), no dudó en desnudarse. El otro (supuestamente conocido por alguno de ellos), se quedó como una estatua delante de todo aquél festival que se estaba montando.  En plena faena de placer y disfrute, lo miré sonriente.

Ponte cómodo y tú mismo – le dije. No dudó ni un segundo que empezó a desnudarse ante nuestros cuerpos y gemidos alternes. Una vez finalizada la primera tanda de algunos, mi cómplice preguntó al supuesto conocido con quién había venido.-Con nadie- dijo -. Levanté la cabeza y me giré hacia él. ¿¡Cómo!? – exclamé. Nos miramos unos a los otros y nadie lo conocía. – Soy repartidor de pizzas. He subido a entregar una pizza a un piso. He subido en el ascensor con él y me ha preguntado si yo también iba a la fiesta, y aquí estoy-. Después de mi insistencia en saber si era una broma o no de alguno y viendo las caras del resto descojonándose de risa, le hice una advertencia. No faltó tiempo a recibir una amenaza (de buen rollo) por parte de mi cómplice y alguno más. Se ofreció en ir a buscar más condones y de paso sugirió pizza y unas cervezas que llevaba en la moto. No volvió.

 

Esta es la anécdota del GangBang que me organizó mi cómplice. Se coló un intruso que se lo pasó de puta madre. Me río al pensar, que este muchacho, me lo imagino llegando a su puesto de trabajo, explicando que fue a repartir pizza y acabó follando con siete tíos en un piso donde solo había una mujer. No creo que nadie se lo creyera.

 

Sensualrush.

 

 

PENSAMIENTOS

 

 

Cada día, cada momento, cada experiencia…. son suficientes para darme  cuenta, y convencerme a mí misma, que las relaciones mantenidas a largo plazo, en una convivencia y obligaciones, son cada vez menos factibles.

Sí apuesto por mantener la ilusión, el deseo, el “¿qué pasará hoy?”, mantenerme expectante ante lo inesperado y no  caer en la rutina.

 

Mi independencia y libertad, cada vez se hacen más extremas. Esto no implica, que con el tiempo, este pensamiento se disuelva y haya que abrir ese candado que tan aferrado se mantiene.

Mientras tanto, seguiré creyendo en mi condición de volar y disfrutar, compartir sin tener la “obligación” de tener que compartir, y la necesidad de  DESEAR. El deseo….esa  consecuencia prioritaria para cualquier relación entre dos personas.

Son solo PENSAMIENTOS.